Trilogía Un dulce Encuentro

August 24, 2017

C A P Í T U L O  T R E C E

 UN DULCE ENCUENTRO EN EL INFIERNO 

LIBRO 2 

 

 

“INCITACION”

 

Entro a la habitación, está un poco iluminada y hay una gran lámpara de cristal encima del pequeño salón. Parece una recepción de un hotel, me sorprende ver que el lugar por dentro es más grande de lo que se ve por fuera. Las paredes son grises y hay muchas fotografías de paisajes en ella. Paisajes que desconozco. Deben ser pinturas únicas de alguien en especial.

Algunas personas llevan máscaras para ocultar su identidad, otras no y al verme de pie en la puerta puedo atraer varias miradas. De hombres y algunas mujeres. Me siento desnuda e incómoda de estar aquí.

—Hola—Dice la voz de una mujer. Es rubia y lleva una máscara y su ropa es muy provocativa.

—Hola—contesto nerviosa.

— ¿Qué te apetece? —pregunta riendo.

— ¿Qué es este lugar?

—Incitación.

—Lo sé, ¿Pero qué es? —repito la pregunta pero esta vez sonriéndole para que confíe en mí.

—En esta sala, elegirás tu acompañante, la persona que elijas o te elija será la que vaya a condenarte. Es como una sala de citas, directo al infierno.

— ¿Por qué llevan máscara?

—El pecado no tiene rostro aquí. —me explica: —Te dejas llevar por su cuerpo, por su voz, por su deseo y morbo. No necesitas un rostro para saber lo que quieres y lo que el otro quiere. Sólo necesitas dejarte llevar por el deseo a ser castigado.

— ¿Castigado? —murmuro perpleja.

—Sí, una vez elijes, te diriges a la otra sala, nivel 4.

Condenación.

Escuchar la palabra castigado hace que reaccione y salga corriendo hacia el último nivel. Ya había descubierto lo primero. Ahora recuerdo las palabras de Joe: Incitación es el cuarto donde vas a conocer a alguien en especial para que te condene. Algunas personas van directamente a la sala de condenación sin conocer antes al que lo condenará. Es un cuarto muy explícito.

La palabra explicito tiene muchos significados para mí en este momento y creo que me volveré loca.

Jamás había sentido más miedo en toda mi vida.

Tengo enfrente dos puertas rojas.

Qué ironía.

“CONDENACIÓN”

La puerta del infierno.

Respiro hondo más de una vez antes de poder entrar y tiro de las dos manillas.

Una música erótica seguida de una canción rock tenebroso invade mis oídos. Siento el calor por todo mi cuerpo. El nivel 4, la sala de condenación es como el infierno sin haber estado alguna vez ahí, tiene que ser igual.

Paredes negras, seguidas de muchas velas por todo el lugar, y dos grandes cuadros por encima de la sala principal.

Lete.[1]

Estigia.[2]

Los dos ríos y a mi derecha otros dos cuadros.

El Jardín de las delicias.[3]

Hades.

Es una pesadilla.

Un mensaje en letras blancas en la gran pared negra llama mi atención:

“Las personas serán desechadas y quemadas, como indignas de la salvación por parte de Dios.”

 

La sala condenación está dividida en cuatro habitaciones o fases.

“Las cuatro fases del infierno”

“Sin conocer la humillación jamás sabrán lo que es el sufrimiento y serán marcados de por vida así como serán castigados por toda la eternidad.”

Limpio las lágrimas de mi rostro y me encamino hacia el interior de la sala para observar.

Bajo la primera cortina y veo cómo un grupo de personas golpean a sus «víctimas».

Humillación.

En la segunda cortina, tres mujeres desnudas se queman con cera caliente y una de ellas pasa un encendedor por el cuerpo de un hombre amordazado y vendado.

Sufrimiento.

En la tercera cortina, un hombre está tatuando a otro. Me aproximo y leo las palabras: «Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo»  tatuadas en letras medievales de color negro y llamas rojas sobre su espalda.

Vestigio.

La siguiente pared no tiene cortinas. Hay una puerta. Parece algo más privado, pero puedo escuchar un fuerte ruido y música acompañado de gritos y gemidos. Abro la puerta sin importarme lo que pueda ver y me quedo helada al mismo tiempo.

Siento que mis piernas fallan y estoy a punto de desmayarme por lo que veo.

Una mujer y un hombre siendo azotados de rodillas amarrados de las manos y de los pies. El hombre que está azotandolos lleva una máscara pero puedo ver su boca y cómo me sonríe.

Escucho el primer latigazo. No es una fusta normal, es un látigo negro lleno de nudos de cuero. Escucho el grujido de éste y el grito de la mujer acompañado por el placer.

Punición.

¡Mierdaaaaaaaa!

Salgo corriendo y a mitad del camino caigo de rodillas llorando con todas mis fuerzas. Me falta el aire y quiero despertar.

Tiene que ser una pesadilla.

Varias manos tocan mi cuerpo como si tuvieran hambre, mientras yo estoy tirada en el suelo con las manos en mi rostro queriendo despertar.

— ¡Elena! —Grita alguien— ¡Mierda! ¡No la toquen!

Las manos dejan de tocarme y escucho los pasos de él. Del cuervo y dueño de éste maldito lugar lleno de gente enferma.

Me toma de la cara y me niego a abrir los ojos, esos ojos color ceniza que me enamoran y que amo, no los quiero ver, no aquí.

Nunca más.

Me suelto de su fuerte agarre y corro con todas mis fuerzas hasta el primer nivel. La gente se aparta mientras me ven correr y salgo a la calle. Me dejo caer nuevamente. Llueve, pero no me importa. Es mejor que mis lágrimas se pierdan bajo la lluvia.

Mi ropa se empapa por la lluvia en cuestión de segundos y todavía tengo el corazón desbocado y escucho los gritos y gemidos de las personas en las salas.

— ¡Elena! —grita de nuevo mi nombre.

— ¡Por Dios! Elena, mírame, por favor—Ruega, sé que me toca pero no puedo sentir su calor. Siento unas manos frías. Manos desconocidas.

— ¡Suéltame! —Logro gritar con todas mis fuerzas.

— ¡Mierda!, mariposa, por favor. —ruega e intenta tocarme de nuevo pero doy un paso atrás.

—Te dije que te protegería de cualquier infierno que intentara acercarse a ti—sollozo—Pero olvidé protegerme a mí misma de tu infierno, Matthew.

—No es lo que piensas, Elena. Tienes que…

— ¡No! —grito—No es lo que pienso. ¡Es lo que vi! Eres un maldito mentiroso. ¿Cómo pude ser tan estúpida y ciega?

Él me ve y no dice nada. Puedo ver en sus ojos que también está llorando. Es la primera vez que lo veo así y no me duele. No me puede doler el sufrimiento de alguien que me ha mentido tan descaradamente y lo peor de todo es que él es el dueño de un lugar tan repugnante y enfermo.

—Perdóname, por favor.

—Te disculpas demasiado, Matthew Reed ¿Sabes por qué? —sin esperar su respuesta continúo: —Porque personas como tú están condenadas a pedir perdón. El que lastima siempre, jamás podrá amar.

Se aproxima.

Toca mi rostro mojado, me trae hacia él y me besa con arrebato. No lo aparto y dejo que me haga lo que quiera pero no correspondo a ninguna de sus caricias.

 

 

Es como las personas allá arriba. Se dejan lastimar y sus besos en este momento me lastiman.

—Bésame—susurra en mis labios—Elena, bésame. —Me dice con mucha desesperación.

Continúa besándome, me abraza y yo sigo sin moverme.

—Eres mi paraíso, Elena.

Nuestro amor en este momento es como la llovizna que cae silenciosamente pero que ha desbordado el río de nuestro pequeño paraíso.

—Vives en dos mundos, quieres el paraíso y el infierno, yo no puedo darte ambos. Quería salvarte de tu infierno, quería ser lo que necesitabas, pero tú ya ardías en él y aunque vivas en el paraíso conmigo, el infierno siempre será parte de ti y yo estaba ardiendo en tu mundo sin darme cuenta.

Un corazón roto nunca vuelve a palpitar de la misma forma, por mucho que nos empeñemos en demostrar lo contrario. Intento buscar en el fondo de mi corazón, en cada uno de sus pedazos rotos el perdón y el olvido de todo lo que está pasando, pero no encuentro nada. Sólo hay fragmentos rotos que cada vez que intento unirlos… me desangran.

—Por favor, Elena, no hagas esto, te lo suplico por mi vida. —La mirada gris y de deseo ha desaparecido por un par de ojos grises, simplemente grises, como su alma y la mía.

— En mi oscuro pasado sólo hay una pequeña luz y esa luz eres tú, mariposa; toda la oscuridad se fue desde que estás a mi lado, no hagas esto. Lo solucionaré, te lo prometo. —se pone de rodillas y me rodea con sus brazos, apoyando su rostro en mi vientre y continúa llorando pidiéndome perdón.

—Déjame ir, Matthew. —Mis palabras salen de mi boca en forma automática, sólo quiero repetir que me deje ir.

Que se marche a Cambridge y que olvide a su Elena.

—No puedo, eres mi dulce Elena, eres mi paraíso.

—No lo soy, no soy nada de eso. —Sollozo de nuevo—me mentiste, me has mentido durante tanto tiempo. No confío en ti… No quiero amarte más.

Se levanta y da un paso hacia atrás. No intenta tocarme esta vez y sigue dedicándome la mirada más derrotada de todas.

—Te entregué todo, hasta lo que pensé que no tenía te lo cedí. Te abrí de par en par mi corazón. —Continúo sollozando, tengo que sacar todo el dolor que siento: —pero ahora que te veo, me doy cuenta que no era suficiente para que renunciaras a esa vida, nunca he sido lo suficientemente buena; ni te he salvado de nada. Pero tú sí me salvaste de mi infierno para traerme al tuyo. Sabía que te amaría ahí también, aunque me doliera. Pensé que lo soportaría, pero no puedo. No puedo amarte de esa manera.

Me alejo de él dándole la espalda y me llama una última vez. Me detengo pero no lo veo.

—Guárdame en tu corazón, Elena—Lo escucho sobre mi hombro: — Y que no se te olvide, que he muerto al perderte… porque tú eras mi vida.

 

 

 

[1] Es uno de los ríos del Hades - Río del olvido.

 

[2] Es uno de los ríos del Hades  - Río del odio.

 

[3] (El infierno) Cuadro de Jeronimo Bosch.

 

 

 

¿QUIERES CONOCER LA HISTORIA COMPLETA?

 

 

SINOPSIS:

 

Paraíso: Isabelle Jones, huye de casa a los diecisiete años con los padres de su mejor amiga después del suicidio de su madre y ser víctima de una obsesión. Isabelle se envolvió en una bolsa epidermal y blindó su corazón para luchar por su sueño y ser profesora de historia. Pero lo que no sabe Isabelle, es que está huyendo de un pasado doloroso para tener un dulce encuentro en el paraíso. 
Un paraíso que no es perfecto… incluso Adán y Eva fueron echados del mismo. 

👔Infierno: Matthew Reed, jugador del polígono del infierno, sexy atractivo, musculoso y lleno de tatuajes. Es todo lo contrario a lo que Isabelle le gusta de un chico. Pero detrás de esa fachada de “chico malo” se esconde un poeta empedernido dispuesto a entregar su corazón por primera vez y ser rescatado de las llamas del infierno. 
Perdón: Infierno y paraíso, son dos mundos diferentes. ¿Quién puede amar en dos mundos a la vez? 
¿Podrá Isabelle rescatar a Matthew Reed de su propio infierno y vivir eternamente en el paraíso de su amor? ¿O arderán juntos en las llamas por toda la eternidad? 

 

 DISPONIBLE EN PAPEL Y DIGITAL

 

 

 

 

Libro1:relinks.me/B00TNG788E
Libro2:relinks.me/B00TMWMESS
Libro3:relinks.me/B00TMX0HS6

 

 

 

 

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